Consciencia Clara o Darse Cuenta


[...]Nos acercamos a la vida de acuerdo a nuestra conciencia condicionada, conformada por nuestro medio interior y exterior y, por lo tanto, estamos seguros de ver las cosas de cierto modo particular y de forma distinta a otras personas. Gran parte de nuestro comportamiento será una reacción de lo antiguo frente a lo nuevo, la antigua conciencia condicionada frente al momento nuevo.  En ocasiones nuestros actos nos producen desazón, sufrimos dudas y angustias y experimentamos ideas de correcto e incorrecto, bueno y malo, según lo que hemos aprendido.  Ello pertenece a la antigua conciencia, a la reacción en lugar de a la acción. 




Hasta que no despejemos nuestros condicionamientos de la conciencia, no seremos libres para ser realmente concientes.  La consciencia intrínsicamente es pura y luminosa, pero continuamente se ve manchada por la intrusión de las impresiones de los sentidos.  Estas se acumulan de forma que la consciencia no puede hacer su función clarificadora, se trastorna y se torna torpe.  No es libre puesto que funciona a tenor de los estados que actúan sobre ella.


Con el fin de renovar nuestra consciencia, lo primero es observar a ésta y a la vida, que siempre es nueva.  La vida fluye y fluctúa siempre y, a raíz de ello, la conciencia puede renovarse y fluir con ella.  Si las cosas se tornan inamovibles, no existe oportunidad posible para que nadie se renueve.  Uno sería siempre un viejo.  Pero no es así.  La verdad es que todo es impermanente, para bien o para mal, según nos parezca.  Con el fin de renovar la conciencia, uno debe ser consciente de todas las actividades, emociones y pensamientos que tiene.


Con el fin de entendernos a nosotros mismos o de renovar nuestra consciencia, el único trabajo a realizar es el desarrollar una atención total hacia nosotros mismos y hacia lo que está pasando.  A lo largo de la vida actuamos, sentimos, pensamos y hacemos muchas cosas, pero existe en todo ello un factor vital que es básico: consciencia clara o darse cuenta.  Lo que estoy diciendo es que la conciencia está condicionada, lo cual provoca que reaccionemos frente a la vida de acuerdo a este condicionamiento, pero la consciencia, el ser consciente, no está condicionada por nada.  Es una percepción puramente objetiva sin interferencia del sujeto, del sí mismo, del ego. 


El ser consciente es desprendido o desapasionado: un proceso objetivo del ver, el oír, el experimentar y el entender.  Cuando uno es consciente, no se preocupa por los conceptos, no hay ideas preconcebidas en el momento de ser consciente.  De otra forma se convertirá en un producto de la condicionada percepción de los sentidos y la conciencia habituada.  A ello se debe el que no podamos concentrarnos en la verdad, pues ésta no puede ser reconocida.  Si algo puede ser reconocido, significa que ha sido conocido de antemano y lo conocido es lo viejo.  La verdad siempre es nueva.  A lo que podemos referirnos como la verdad, no es la verdad.  Podemos atesorar muchos conceptos acerca de ella.  Cuando uno encuentra la verdad, no existe acto de reconocimiento, solo consciencia de ella, y la consciencia no se conforma sobre la memoria.  La que hace esto es la percepción.  La percepción es como un espejismo, que parece real hasta que nos acercamos a él.



La conciencia, por lo tanto, no puede ser renovada por medio de la percepción sino por la atención absolutamente despierta y la comprensión correcta. La meditación es el camino para eliminar las barreras frente a la realidad, es la energía creativa en cada uno de nosotros.  Hemos de cultivar la consciencia de cómo devenimos, de cómo vivimos momento a momento.  No existe necesidad de buscar algo exterior como autoridad, ni siquiera un gurúCultiven su propio gurú, que es la consciencia, el mejor amigo que no engaña a nadie.  De este modo, aprenderán a entenderse a ustedes mismos, su propio potencial creativo y despertar del sueño.  Si despiertan totalmente, podrán ser libres y felices.



Bibliografía: Vipassana, el Camino de la Meditación Interior



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