• Govinda Yoga Studio

Esta es una de mis recetas favoritas y la que me piden una y otra vez cada vez que llevo este budín a Govinda Yoga. La receta la aprendí de Juliana Lopez May (cuando iba a tomar clases porque no cocinaba ni fideos) y la fui adaptando cada vez más a mis gustos y preferencias de alimentación. Es súper fácil y rápida y vos también podés hacer los ajustes que te gusten más!


Ingredientes:

250gr azúcar mascabo

1 cucharada de bicarbonato

1 cucharadas de polvo para hornear

1 pizca de sal

400 gr de harina integral orgánica

150 gr de nueves picadas (o los frutos secos que tengas)

4 bananas

½ taza de aceite de coco

esencia de vainilla


Opcional:

pepitas de chocolate amargo

baño de chocolate








Antes de comenzar, encendemos el horno a 180°C y preparamos un molde de budín inglés. Colocamos todos los ingredientes secos en un bowl y mezclamos con cuchara de madera. En la procesadora colocamos los ingredientes húmedos y mezclamos bien. Cuando está integrado, agregamos las bananas para no procesarlas tanto y que queden pedacitos que te puedas encontrar una vez cocido. Llevamos esta mezcla al bowl con los ingredientes secos y unimos con la cuchara de madera (si queres podes mantrear mientras revolves, ese es el ingrediente secreto). Colocamos en el molde y llevamos al horno moderado durante 40 a 50 minutos.


Espero que con esta receta hagas feliz a muchas personas! A mi me funciona!



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A pesar de que muchos de los miembros de la profesión médica son conscientes de la existencia del efecto placebo, muy pocos han considerado sus posibles implicaciones en la autocuración. Si los pensamientos positivos pueden sacarte de la depresión y curar una rodilla enferma, piensa en lo que los pensamientos negativos pueden hacerle a tu vida.


Cuando la mente mejora la salud mediante la sugestión positiva, se le denomina efecto placebo. Por el contrario, cuando esa misma mente está llena de pensamientos negativos que pueden deteriorar la salud, los efectos negativos producidos se conocen como “efecto nocebo”.


Esta es la historia de un terapeuta de Nashville, Clifton Meador, que llevaba reflexionando sobre el poder potencial del efecto nocebo durante treinta años. En 1974, Meador tuvo un paciente, Sam Londe, un vendedor de zapatos jubilado que padecía cáncer de esófago, enfermedad que por aquel entonces se consideraba letal. A Londe le trataron ese cáncer, pero todo el mundo de la comunidad médica “sabía” que el cáncer de esófago recidivaría. Así pues, no les sorprendió que Londe muriera unas semanas después del diagnóstico.

La sorpresa llegó tras la muerte de Londe, cuando la autopsia encontró escasos signos de cáncer, no los suficientes como para matarlo. ¿De qué murió Londe si no fue del cáncer esofágico? ¿Murió acaso por que creía que iba a morir?


Los problemáticos casos de efecto nocebo sugieren que los terapeutas, los padres y los profesores pueden robarte la esperanza haciéndote creer que no puedes hacer nada.

Los pensamientos positivos y negativos no sólo tienen consecuencias en nuestra salud, sino también en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. Henry Ford tenía razón en lo referente a la eficacia de las cadenas de montaje y también al hablar del poder de la mente: “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes… tienes razón”.


Tus creencias actúan como los filtros de una cámara, cambiando la forma en la que ves el mundo. Y tu biología se adapta a esas creencias. Cuando reconozcamos de una vez por todas que nuestras creencias son así de poderosas, estaremos en posesión de la llave a la libertad. A pesar de que todavía no podemos cambiar la información que contienen nuestros genes, sí que podemos cambiar nuestra forma de pensar.




Discovery Health Channel: Placebo: la mente sobre la medicina

Bruce Lipton: La Biología de la Creencia

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[...]Nos acercamos a la vida de acuerdo a nuestra conciencia condicionada, conformada por nuestro medio interior y exterior y, por lo tanto, estamos seguros de ver las cosas de cierto modo particular y de forma distinta a otras personas. Gran parte de nuestro comportamiento será una reacción de lo antiguo frente a lo nuevo, la antigua conciencia condicionada frente al momento nuevo.  En ocasiones nuestros actos nos producen desazón, sufrimos dudas y angustias y experimentamos ideas de correcto e incorrecto, bueno y malo, según lo que hemos aprendido.  Ello pertenece a la antigua conciencia, a la reacción en lugar de a la acción. 




Hasta que no despejemos nuestros condicionamientos de la conciencia, no seremos libres para ser realmente concientes.  La consciencia intrínsicamente es pura y luminosa, pero continuamente se ve manchada por la intrusión de las impresiones de los sentidos.  Estas se acumulan de forma que la consciencia no puede hacer su función clarificadora, se trastorna y se torna torpe.  No es libre puesto que funciona a tenor de los estados que actúan sobre ella.


Con el fin de renovar nuestra consciencia, lo primero es observar a ésta y a la vida, que siempre es nueva.  La vida fluye y fluctúa siempre y, a raíz de ello, la conciencia puede renovarse y fluir con ella.  Si las cosas se tornan inamovibles, no existe oportunidad posible para que nadie se renueve.  Uno sería siempre un viejo.  Pero no es así.  La verdad es que todo es impermanente, para bien o para mal, según nos parezca.  Con el fin de renovar la conciencia, uno debe ser consciente de todas las actividades, emociones y pensamientos que tiene.


Con el fin de entendernos a nosotros mismos o de renovar nuestra consciencia, el único trabajo a realizar es el desarrollar una atención total hacia nosotros mismos y hacia lo que está pasando.  A lo largo de la vida actuamos, sentimos, pensamos y hacemos muchas cosas, pero existe en todo ello un factor vital que es básico: consciencia clara o darse cuenta.  Lo que estoy diciendo es que la conciencia está condicionada, lo cual provoca que reaccionemos frente a la vida de acuerdo a este condicionamiento, pero la consciencia, el ser consciente, no está condicionada por nada.  Es una percepción puramente objetiva sin interferencia del sujeto, del sí mismo, del ego. 


El ser consciente es desprendido o desapasionado: un proceso objetivo del ver, el oír, el experimentar y el entender.  Cuando uno es consciente, no se preocupa por los conceptos, no hay ideas preconcebidas en el momento de ser consciente.  De otra forma se convertirá en un producto de la condicionada percepción de los sentidos y la conciencia habituada.  A ello se debe el que no podamos concentrarnos en la verdad, pues ésta no puede ser reconocida.  Si algo puede ser reconocido, significa que ha sido conocido de antemano y lo conocido es lo viejo.  La verdad siempre es nueva.  A lo que podemos referirnos como la verdad, no es la verdad.  Podemos atesorar muchos conceptos acerca de ella.  Cuando uno encuentra la verdad, no existe acto de reconocimiento, solo consciencia de ella, y la consciencia no se conforma sobre la memoria.  La que hace esto es la percepción.  La percepción es como un espejismo, que parece real hasta que nos acercamos a él.



La conciencia, por lo tanto, no puede ser renovada por medio de la percepción sino por la atención absolutamente despierta y la comprensión correcta. La meditación es el camino para eliminar las barreras frente a la realidad, es la energía creativa en cada uno de nosotros.  Hemos de cultivar la consciencia de cómo devenimos, de cómo vivimos momento a momento.  No existe necesidad de buscar algo exterior como autoridad, ni siquiera un gurúCultiven su propio gurú, que es la consciencia, el mejor amigo que no engaña a nadie.  De este modo, aprenderán a entenderse a ustedes mismos, su propio potencial creativo y despertar del sueño.  Si despiertan totalmente, podrán ser libres y felices.



Bibliografía: Vipassana, el Camino de la Meditación Interior



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