Las enseñanzas del Mahābhārata reflejan las doctrinas de algunas de las escuelas filosóficas de la India, como por ejemplo las escuelas Sāṃkhya y Vedānta. Pero el Mahābhārata es sobre todo una exposición detallada del concepto de dharma, que se refiere a las distintas obligaciones sociales, familiares, religiosas y políticas que cada persona debe cumplir de acuerdo a su situación social y de pertenencia a una casta determinada.


El concepto de dharma se presenta como uno de los puruṣārthas o fines últimos de la vida humana. Esta doctrina, tan típica del pensamiento filosófico de la India se origina en las enseñanzas del Mahābhārata. El ser humano, puruṣa en sánscrito, es un ser racional, libre y responsable; un ser encarnado que vive en este mundo como consecuencia de la ley del Karma. La doctrina del Karma, unida a la creencia en la transmigración de las almas y en la reencarnación sostiene que las acciones libres del ser humano determinan las condiciones en las que debe nacer al reencarnarse. El proceso de nacimiento, muerte y reencarnación se lo conoce con el nombre de saṃsāra.


La doctrina de los puruṣārthas es un desarrollo de la teoría ṛṇa que significa que no somos seres aislados. Por el contrario, el ser humano debe adecuar su existencia al orden que regula la sociedad en la que vive y al universo material. Esto implica el esfuerzo por combinar la búsqueda de un bienestar material y psicológico a través de los tres primeros puruṣārthas: dharma, kāma y artha, junto con el deseo y esfuerzo por alcanzar la liberación final o mokṣā (cuarto puruṣārtha).


Dharma indica las obligaciones de cada individuo en relación con sí mismo y con los demás. No es fácil definir el significado exacto del concepto de dharma, uno de los más importantes de la filosofía de la India. Incluye tanto las obligaciones éticas en los diferentes estados de vida, profesiones, etc., como un modo correcto de pensar y de vivir. En un sentido profundo dharma significa toda actividad que se espera de una persona que quiere adecuarse al orden de las cosas y del universo en el que vive. Artha se refiere al esfuerzo por conseguir la necesaria prosperidad material para desenvolverse en la vida. Kāma indica la tendencia a alcanzar satisfacciones psicofísicas, que debe estar gobernada por dharma para evitar una actitud egoísta y puramente materialista.


Además de estos tres ideales, se encuentra el deseo por la liberación final al que se le llama mokṣa. Este cuarto puruṣārtha implica la conciencia de la existencia de algo que permanece más allá de este mundo transitorio. Mokṣā o mukti significa liberación, al provenir de la raíz -muc- que significa “liberar”. Se refiere tanto al acto de ser liberado como al estado de liberación final que alcanzan aquellos seres finitos.


Curso de Filosofía e Historia de la India con Sebastián Berrittella el sábado 29 de febrero

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ahiṁsā-pratiṣṭhāyaṁ tat-sannidhau vairatyāghaḥ “Mientras el Practicante se asiente en la no violencia, todos los seres en su presencia dejan de ser hostiles” (Y.S 2.35).


Tal afirmación en la actitud de no violencia irradia del interior de cada un@, contagiando a aquellos que los rodean.

El énfasis en este Yama es entonces refinar nuestra conducta y ayudarnos a no ceder ante los impulsos que podrían causar daño, engaños, mentiras, etc. Es esta la belleza del Dharma, la enseñanza; a través de la disciplina y la atención corregimos patrones condicionados de comportamientos que dejan un impacto negativo en nosotrxs y en otros para poder así experimentar nuestra verdadera naturaleza.

Todas las enseñanzas subsecuentes del #Yoga incluyen el principio de la no violencia, si vemos Satya, la honestidad, vemos Ahimsa como base, ya que la deshonestidad, el engaño o la manipulación tienen automáticamente una actitud dañina. Lo vemos también en Asteya, tomar lo que es de otros inmediatamente causa daño. Si profundizamos en Ahimsa, los otros Yamas se vuelven mucho más fáciles de trabajar.


¿Porque surge este estado de violencia?

Este comportamiento condicionado fue construido y alimentado a lo largo del tiempo, y si nunca trabajamos sobre este aspecto de nosotrxs solo se asienta y se intensifica.

Dicho aspecto se fortalece a través de la avaricia, la lujuria, el odio, el orgullo, y la ilusión. En el momento en que queremos algo y no podemos tenerlo surge una respuesta que involucra algún grado de violencia de manera casi inmediata.


La actitud y la atención son aspectos claves, pero también tenemos que trabajar sobre nuestras acciones ya que la intención de lastimar tal vez no esté presente en nosotros, pero nuestras acciones inconscientes pueden causar daño.


¿Qué pasa con el enojo? ¿Está mal enojarse?


Este es un punto clave, entender la #naturaleza del enojo y como este se convierte en la capacidad de herir o de actuar con violencia. En tal caso no hay que “convertirse” en el enojo, ya que hay varias situaciones en el día que requieren de una actitud firme y autoritaria; existe una línea delgada entre ejercitar el Dharma, la ley de la naturaleza, e involucrarse personalmente en la situación y convertirse en el enojo.


Este es el énfasis principal del Yoga; cómo la perseverancia en nuestra #practica puede transformar nuestros patrones desde su aspecto más basal para no ser víctimas de estos comportamientos condicionados.


Las Asanas, los Kriyas y Pranayama enseñan al practicante a percibir y por lo tanto a canalizar #energía. A través de este re direccionamiento, dejamos de alimentar viejos patrones, dándole atención a otros estados de conciencia.


Sin importar que filosofía o estilo de Yoga se practique, Patanjali nos deja con una solución práctica. “Pratipaksha Bhavanam”; cuando surge un pensamiento con capacidad de herir, a través nuestro o de otros, alimentado por la codicia, el enojo, o la ilusión, ya sea este suave o intenso, entonces aplicamos el pensamiento opuesto, basados en el entendimiento que tal pensamiento o acción dejara rastros de miseria e ignorancia en nuestras vidas.


De manera simple es notar cuando estamos pensando, diciendo, o haciendo algo que puede lastimar o herir y aplicar lo opuesto. Si alguien nos encierra mientras manejamos, lo dejamos ir, paz; si los niñxs hacen desorden, cambiar el reto y el castigo por entendimiento y aprendizaje, si alguien nos lastima, no le deseemos problemas o el mal, dejarlo ser y que siga su camino. Mientras más se hace, más natural se vuelve, ya que a aquello a lo que le damos nuestra atención crece. Todos los días se nos brinda la oportunidad para practicar #Ahimsa, el elegir hacerlo es la enseñanza central de nuestra práctica.


Te invitamos a continuar esta Introducción en el curso de Filosofia e Historia de la India a cargo de Sebastián Berrittella.


La filosofía #india se basa en las enseñanzas de los Vedas, una abundante y antigua colección de libros #sagrados, escritos en prosa y en verso, recopilados (según la tradición) por el sabio Vyāsa. La literatura védica es sumamente vasta, aun cuando muchos de sus textos se hayan perdido con el paso de los siglos. Los Vedas son considerados literatura revelada, aunque no en el sentido de la revelación de un Dios personal al ser humano. Se considera que los Vedas no tienen autor, ni humano ni divino, sino que existen desde toda la eternidad revelándose periódicamente a los ṛṣis, o videntes, al comienzo de cada proceso creativo del #universo.


Los Upaniṣads ocupan la parte final de los Vedas y, aun cuando estos libros no formen un sistema único de pensamiento, encontramos en ellos el germen de las futuras escuelas de la #filosofía india. En ellos se puede apreciar una evolución hacia el concepto de un Ser supremo único con el cual el ser humano trata de unirse a través del conocimiento. El término Upaniṣad significa “el acto de sentarse al lado” y se refiere a la doctrina esotérica que se adquiere al escuchar directamente del maestro #espiritual las doctrinas secretas o reveladas exclusivamente a los sabios. Los Upaniṣads difieren considerablemente unos de otros en lo que se refiere al contenido y al modo de presentar los temas, pero en general intentan establecer el sentido místico de los Vedas. Muchos de ellos consideran en forma de diálogo temas como la naturaleza del ser individual, la relación entre el cuerpo, la mente y el Yo, la naturaleza del conocimiento y de la #verdad, la salvación y los distintos caminos para alcanzarla.


En los Upaniṣads encontramos las mismas preguntas apremiantes acerca del origen del mundo y su relación con el #Ser Supremo que encontramos en las grandes filosofías de la antigüedad. En los más antiguos se observa la convicción general de que detrás de todo el cambio y movimiento del mundo exterior, existe una realidad inmutable e idéntica con la esencia de este ser humano. El universo creado no es un producto de la nada, sino que es una proyección o emanación del Ser Supremo. Se ve un ejemplo claro de estas preguntas apremiantes para el ser humano en el primer verso del Śvetāśvatara Upaniṣad:


«Trae aquí el fruto de aquel árbol nyagrodha». «Aquí lo tiene, Venerable Señor». «Rómpelo». «Ya está roto, Venerable Señor.» «¿Qué ves allí?» «Unas semillas especialmente selectas, Venerable Señor.» «De todas estas semillas, por favor, rompe una.» «Está rota, Venerable Señor.» «¿Qué ves allí?» «Absolutamente nada, Venerable Señor.»

Luego le dijo, «Mi querido, aquella esencia sutil que tu no percibes, en verdad, es a partir de ella que el gran árbol nyagrodha existe. Créeme mi querido. Aquello que es la esencia sutil, es el Ser de todo el universo. Eso es la verdad. Eso es el Ser. Eso eres tú Śvetaketu.» «Por favor, Venerable Señor, enséñeme aún más.» «Pues así lo haré, mi querido», le dijo. (Chāndogya Upaniṣad)


Brahman está presente en todas partes, pero reside en nuestros corazones. El alma conoce el Ser supremo cuando descubre la identidad que existe entre uno mismo y Brahman.




El Curso completo a cargo de Sebastián Berrittella se ofrecera el sábado 29 de febrero de 2020 en Govinda Yoga Studio


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